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ChiBiTa Schicklgrübêr

Yo no dije que no podías

Yo no dije que no podías

Perdiste la vista, tras los cristales de tu Insanidad, no fue sólo una, sino también dos, las veces que mentiste frente a un rostro húmedo de lluvia.
Yo no dije que no podías, yo no quité la culpa de tu espalda.
Tomaste una, tomaste dos, de las decisiones que en desacuerdo te apoyé, te convertiste en una estrella y te perdiste en quimeras.

Yo no dije que no podías, yo no quité la culpa de tu espalda.

Mírame, mírame fijo y dime que hay, estoy ante ti sin culpas ni condenas, seré lo que no lograste ser.

Humedeciste tus labios en el elixir granate, callaste al escuchar los gemidos, te llamé tras la puerta, tendí mi cuerpo al cielo, llamando tu nombre, mas nadie salió a responder.

Yo no dije que no podías, yo no quité la culpa de tu espalda.

Tocas una puerta, tocas dos puertas más, nadie ha abrir, te dije que no podías correr contra tu sangre, te cargué en mis brazos dejándote descansar de aquella culpa. Te advertí que no podrías, que no lo conseguirías, que perderías tu ruta, y lo poco de cordura que se puede tener en un día como hoy.

Mírate ahora nuevamente, aquél rostro deformado por los cristales, incrustados sin piedad en tu tersa piel, mira tus labios besando la sangre que emana de tus yagas, tu cuerpo entumecido por una vida, de frente al asfalto y sin poder ponerte de pie, contorsionada, de cabellos revueltos y mirada perdida. Casi puedo ver tu último suspiro, y ver todo lo que llegaste a entender en una cantidad de tiempo tan fugaz como el propio suceso, que observo sin inmutarme.

Sin vida, te veo sin vida y no lo comprendo, no lo creo, no lo asumo, y mil veces no!, El empirismo está equivocado, mediante la experiencia inmediata, no puedo saber, no puedo aceptar, que estás muerta.

Yo no dije que no podrías, yo no quité la culpa de tu espalda...

I dont have a gun

I dont have a gun

Puedo ver en un suspiro el porqué del temblar de tus ojos. He caminado muchas vidas entre cuestionamientos y aún lloro buscando respuestas para salvar mi alma. Intento explicar mis sueños con las huellas que sigo en mi andar. ¿Pero dónde te has ido, que no puedo escapar? Tú que puedes ver a través de mi alma y oír mis gritos, has trazado mis pasos alejándome de ti, me has quitados las alas y no puedo ya volar. Te busco en cada rostro, y estoy tan enferma de no poder escucharte, me has negado tus palabras para toda esta eternidad. ¿Dónde es que estás? La oscuridad puede ser simple como el mismo respirar, mas aún tengo el miedo de abrir los ojos, por temor de entregarte mi ser y no poder regresar. Eres importante para tantos y tienes el rostro de Cristo bajo tu perfil, he querido escapar de tu mirada y esconder mis secretos de tu aguda franqueza. Retirarme de la realidad que compartimos y olvidar tu nombre al despertar. ¿Adónde vas por las noches? En los templos te he buscado, en cada calle y lugar, y estoy tan confundida con el sonido de miles de corazones dentro de mi cabeza. Puedo escuchar el susurro de tu voz pidiendo mi mano en la distancia mas no logro alargar mis dedos hacia ti. Hay tanto que el tiempo no puede borrar. Miles de temores bajo tu espalda y cicatrices cruzando tus venas, ninguna posibilidad de sanar... dónde está el rostro de mi salvación, si todo lo tomado se pierde entre mis labios. El dolor no puede dejar de ser real, sintiendo todo esto tan vacío me siento sola otra vez. Nadie ha explicado el sentido de mis lágrimas, nadie ha querido salvarme alguna vez. Sólo puedo esperar sin dejar de esconderme por los rincones, en tu recuerdo. Yo estoy muriendo, rogando, sangrando y gritando..

II

II

¿Cuántas veces me he perdido a mí misma, tratando de observar la realidad desde los sueños?

El tiempo no me deja respuesta alguna cuando se cumple la sentencia de callar el dolor. Maldita realidad que todo lo calla, que todo lo esconde, no da cabida al encanto de una emoción, por irreal que sea, para que se cuele en mis venas, en el momento en que impactan mis labios en sus labios.

No puedo, a lo menos, evitar, cual psicótico arrepentido, la caricia adormecida de sus dedos. Oh vaga mente mía, si pudiese despertar de esta vida!

Sobre el sentir

Sobre el sentir

No existe sentimiento alguno, desligado del dolor, por ser la existencia misma un devenir de sentimientos, es ella tortuosa, es herida abierta a las moscas.

No se puede evitar de tal manera sufrir, se es esclavo, soldado, mercenario, de la existencia y, nuevamente, víctima.

Esta condena sin precedentes se repite y repite en las constantes variaciones de los ínfimos hechos humanos.

Y, por ser de naturaleza humana el dolor, sólo puedo culpabilizar a dicha especie de todo este sufrir, mas, considerando mi propia procedencia, no puedo más que sentir por mí mismo, la culpa y el deseo de una autodestrucción.

El fin de todo suicida, no es la muerte, es la búsqueda de un salvoconducto hacia la felicidad, es por eso que son patriotas, en busca de justicia ante la culpa humana de causar dolor desde el primer sentimiento.

No puedo rebatir, sin embargo, que la propia fragilidad de la existencia humana, calma la impaciencia de un castigo justo, hacia ellos, hacia mí.

Fuera de todo alcance masoquista, el acto de auto inflingirse heridas sólo alimenta más la concepción de que la existencia humana en sí, es vana, sin sentido, un mero error evolutivo.

Se acusa al "destino", como fuente principal de toda razón, o a un dios, una divinidad, como si las palabras o definiciones cobraran figura táctil a nuestros hechos.