Yo no dije que no podías
Perdiste la vista, tras los cristales de tu Insanidad, no fue sólo una, sino también dos, las veces que mentiste frente a un rostro húmedo de lluvia.
Yo no dije que no podías, yo no quité la culpa de tu espalda.
Tomaste una, tomaste dos, de las decisiones que en desacuerdo te apoyé, te convertiste en una estrella y te perdiste en quimeras.
Yo no dije que no podías, yo no quité la culpa de tu espalda.
Mírame, mírame fijo y dime que hay, estoy ante ti sin culpas ni condenas, seré lo que no lograste ser.
Humedeciste tus labios en el elixir granate, callaste al escuchar los gemidos, te llamé tras la puerta, tendí mi cuerpo al cielo, llamando tu nombre, mas nadie salió a responder.
Yo no dije que no podías, yo no quité la culpa de tu espalda.
Tocas una puerta, tocas dos puertas más, nadie ha abrir, te dije que no podías correr contra tu sangre, te cargué en mis brazos dejándote descansar de aquella culpa. Te advertí que no podrías, que no lo conseguirías, que perderías tu ruta, y lo poco de cordura que se puede tener en un día como hoy.
Mírate ahora nuevamente, aquél rostro deformado por los cristales, incrustados sin piedad en tu tersa piel, mira tus labios besando la sangre que emana de tus yagas, tu cuerpo entumecido por una vida, de frente al asfalto y sin poder ponerte de pie, contorsionada, de cabellos revueltos y mirada perdida. Casi puedo ver tu último suspiro, y ver todo lo que llegaste a entender en una cantidad de tiempo tan fugaz como el propio suceso, que observo sin inmutarme.
Sin vida, te veo sin vida y no lo comprendo, no lo creo, no lo asumo, y mil veces no!, El empirismo está equivocado, mediante la experiencia inmediata, no puedo saber, no puedo aceptar, que estás muerta.
Yo no dije que no podrías, yo no quité la culpa de tu espalda...