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ChiBiTa Schicklgrübêr

Cosas que no dices

II

II

¿Cuántas veces me he perdido a mí misma, tratando de observar la realidad desde los sueños?

El tiempo no me deja respuesta alguna cuando se cumple la sentencia de callar el dolor. Maldita realidad que todo lo calla, que todo lo esconde, no da cabida al encanto de una emoción, por irreal que sea, para que se cuele en mis venas, en el momento en que impactan mis labios en sus labios.

No puedo, a lo menos, evitar, cual psicótico arrepentido, la caricia adormecida de sus dedos. Oh vaga mente mía, si pudiese despertar de esta vida!

Sobre el sentir

Sobre el sentir

No existe sentimiento alguno, desligado del dolor, por ser la existencia misma un devenir de sentimientos, es ella tortuosa, es herida abierta a las moscas.

No se puede evitar de tal manera sufrir, se es esclavo, soldado, mercenario, de la existencia y, nuevamente, víctima.

Esta condena sin precedentes se repite y repite en las constantes variaciones de los ínfimos hechos humanos.

Y, por ser de naturaleza humana el dolor, sólo puedo culpabilizar a dicha especie de todo este sufrir, mas, considerando mi propia procedencia, no puedo más que sentir por mí mismo, la culpa y el deseo de una autodestrucción.

El fin de todo suicida, no es la muerte, es la búsqueda de un salvoconducto hacia la felicidad, es por eso que son patriotas, en busca de justicia ante la culpa humana de causar dolor desde el primer sentimiento.

No puedo rebatir, sin embargo, que la propia fragilidad de la existencia humana, calma la impaciencia de un castigo justo, hacia ellos, hacia mí.

Fuera de todo alcance masoquista, el acto de auto inflingirse heridas sólo alimenta más la concepción de que la existencia humana en sí, es vana, sin sentido, un mero error evolutivo.

Se acusa al "destino", como fuente principal de toda razón, o a un dios, una divinidad, como si las palabras o definiciones cobraran figura táctil a nuestros hechos.